Le cortaron la cabeza antes de que el sol saliera y rodó por el suelo hasta mis pies,
Como un sol que muriera y cayera del cielo, en redondo, sobre la tierra.
Y es que era un sol. Se llamaba Antonieta y la amé antes y después,
Antes la amaba con cabeza y después la amé sin ella; aunque sólo me queda
De ella eso, la cabeza, que guardo con locura de amor adolescente desde que se la cortaron por convertir al rey en anciano. No se que hicieron los verdugos con el cuerpo,
Era el sol lo que a mi me importaba.
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El seso extendido sobre la mesa del laboratorio es un globo aplastado en la tierra,
Un globo de globo del mundo aplastado sobre la tierra con sus mil caminos, su océano,
Las tan inescrutables secretas rutas, por las que caminan mis ojos científicos escrutando
Por si una cueva, donde se halla el desencantamiento a mi maleficio. Maleficio que vino
Más por amor que por odio, que yo la amé y le motivé su nigromancia, y ella me amó y por eso quería mantenerme joven, con un error en los cálculos, sólo un error, la eternidad exige un exceso, que no una escasez, de laurel...
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No la pude salvar a Antonieta, ni quería, mi cabeza habría ido con la suya al cesto de cabezas y a la gran despensa de cabezas luego, tras esto al mercado de cabezas; con la suya y otras tantas pidiendo sitio con la boca cerrada, porque no se puede respirar, ni ver nada entre tanta cabeza cortada abandonada en un almacén de palacio, que mi hijo Impresor verá florecer, como un fenicio, apostado sobre el muro que da al almacén, observando como crecen las cabezas, y apropiándose de ellas; de mi cabeza, de la de antonieta, de las del poeta que me maldijo en alejandrino y el bufón que cantó mi muerte por vejez temprana una vez enterado el pueblo de mi sino, sacándonos todos los juicios y las canciones, los ritos, las razones, la realeza y más de un alejandrino certero, para luego venderlo a pueblos de aficionados al arte y la cultura, por precios que pagaran el olvido de mi persona y de mi reinado mientras el suyo a costa de nuestras sabidurías.
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Antonieta, pura hasta que te acercaste, perdóname que me devanee y te rebane el seso
Para buscar una cura a lo mío, lo nuestro ya está perdido, y yo aun quiero volver a ser joven, debo evitar el mundo que se avecina; pero me estoy muriendo Antonieta, muero de viejo porque un día nos enamoramos.
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