Pero bueno. Se atreven a insinuar, en boz vaja, o a mares a derramar por la boca, que si alma es "tal", "que sí", "que sí". Y ya le viene a uno la nausea esa antigua que aun no ha descrito nadie, y le dan a uno, aunque seguro que a más de uno, ganas de revolverse en una espiral de torbellino a huracán con un "Cioranes de pacotilla", "que si alma es tal, es puta mierda" (citando), apagad ya las ondas con un tiro en la sién, no en el lado motor, en el soñador, en el del libre albedrío, en ese que les dío un día una hermosa capacidad de pensar a pudrir.

Y luego estoy yo alardeándome, crítico real con pluma de pavo, dándomelas de sabiondo con mis libros que se me caen y que, la gente cree, supongo que opinan, tambien alardéan, llevo conmigo siempre porque no sabéis lo aburrido que se me hace todo sin ellos. Hay que verme ahí, ridículo, patético, con mis cioranes de pacotilla, o el julio, que suplanta al julio que suplantó al julio porque lo quise vender por dos cafés de mierda y algo de tabaco, y yo tranquilamente amándome y amándolo a él, llorando a carol, qué en paz viaje, para más ridículo en la plaza del pueblo, y para mofa befa y otras palabras antiguas de lid de los dos camareros. Que he de decir me son simpáticos, me invitan a café a veces y, creo, les debo tres.

Al final ofreceré a alguien el poema que necesita a cambio de un café caliente.
Se hace de noche. A esta cafetería le faltan cojines en la terraza.