Hay un nombre contrario para cada cosa.
Donde del amor es odio. Donde la paz es lid.
Respeto es irrupción y luz es sombras.
Ahí vivimos tu y yo.
Donde yo soy tu,
donde tu eres yo.
na, que se acabó y punto. Gracias Octavia, por abrirme los ojos.
Hay un nombre contrario para cada cosa.
Donde del amor es odio. Donde la paz es lid.
Respeto es irrupción y luz es sombras.
Ahí vivimos tu y yo.
Donde yo soy tu,
donde tu eres yo.
¿Por qué me miras, Ofelia
en tu dignidad de frío?
Tez de mirada infinita,
ojos, muerte, desafío...
¿Por qué me miras, Ofelia,
y no te sales del río?
Ven repleta de batracios adornándote en el pecho.
Ven con la soga en el vientre.
Corre con el agua al cuello.
¡Pero corre y sal, Ofelia!
Y bríndame con tus labios la frialdad de que carezco
y la fuerza que me falta para vestirme de duelo.
Apesto a siglo veinte.
Se me ha pegado ese olor tan peculiar a Freud y a enfermedad mental.
Tengo las uñas sucias de rascar y rascar aquel siglo, para venir
aquí a acabar durmiendo encima de una montaña de papelitos.
Papelitos que rezan: Sigue buscando, hay miles de premios...
Necesito este siglo íntegro, para seguir rasca que rasca,
y una buena ducha por dentro y por fuera prestando atención especial a las uñas,
marrones y azules de tanto arañar desesperadamente el siglo pasado.
I
No digo "vierto" y ya he
vertido
toda la soledad para esta noche.
No digo entero
"percibir"; y herido
percibo a campanazos su reproche.
II
Al acabar "amanecer"
no habré dormido,
antes que acabe "atardecer" es
tarde;
al pronunciar solo "insertar su nombre"
ya habrá ardido
el fuego donde la nostalgia arde.