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La Coctelera

Categoría: nuevo idioma prosáico del poeta

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De lo que a mi me sobra por lo que a mi me falta

Pero bueno. Se atreven a insinuar, en boz vaja, o a mares a derramar por la boca, que si alma es "tal", "que sí", "que sí". Y ya le viene a uno la nausea esa antigua que aun no ha descrito nadie, y le dan a uno, aunque seguro que a más de uno, ganas de revolverse en una espiral de torbellino a huracán con un "Cioranes de pacotilla", "que si alma es tal, es puta mierda" (citando), apagad ya las ondas con un tiro en la sién, no en el lado motor, en el soñador, en el del libre albedrío, en ese que les dío un día una hermosa capacidad de pensar a pudrir.

Y luego estoy yo alardeándome, crítico real con pluma de pavo, dándomelas de sabiondo con mis libros que se me caen y que, la gente cree, supongo que opinan, tambien alardéan, llevo conmigo siempre porque no sabéis lo aburrido que se me hace todo sin ellos. Hay que verme ahí, ridículo, patético, con mis cioranes de pacotilla, o el julio, que suplanta al julio que suplantó al julio porque lo quise vender por dos cafés de mierda y algo de tabaco, y yo tranquilamente amándome y amándolo a él, llorando a carol, qué en paz viaje, para más ridículo en la plaza del pueblo, y para mofa befa y otras palabras antiguas de lid de los dos camareros. Que he de decir me son simpáticos, me invitan a café a veces y, creo, les debo tres.

Al final ofreceré a alguien el poema que necesita a cambio de un café caliente.
Se hace de noche. A esta cafetería le faltan cojines en la terraza.

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cartas al asunto (extracto de la carta al amigo atemporal)

"Mi muy querido y atemporal amigo: Te beso.
Palabras no me faltan para formar cada uno de los besos que te debo, el de que te licenciaste, el de la primera vez que dominaste a la perfección el entre dos aguas en el que nos quedamos. Te beso por cada ruptura y por cada cana para la que necesitaste un beso.

Te beso para que me perdones por haberte quitado las ganas de besarme, palabra a palabra lo hago, para que me recuerdes.

Dicen, bueno dicen, decimos; digo: Ajustando las velas.
Para que seamos realistas: qué lejos los dos barquitos... ¿Cuánto te debo, mi amado, perdido amigo? En besos, en amaneceres en la playa, en borracheras, palabras, palabras, palabras, en abrazos; qué dinero te debo, cuántas veces quieres mi bandeja con cabeza, cuánta plata quieres en esa bandeja...

¿Querido, la quieres de oro?...; pues mi olvidador, yo seré un aventurero. Buscaré el oro, entre las pitas con cuatro cuchillos y cuatro saltos, luego vaciaré la planta buscando el oro, pero esta vez iremos a por piel, la curtiremos, anudaremos las cuerdas a la planta debidamente vaciada, lijada, encolada y agujereada y cuando toquemos el timbal de la amistad nos lloverá todo el oro, para todas las bandejas.

Te cuento..."

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Llorarlo todo.

... como mi casa, que a oscuras, o porque no hay luz o porque sólo hay una tenue luz de vela, que llora los libros, las fotos, los recuerdos, los relojes de doce ojos que marcarán para siempre una hora que solo fue o tuya o mía...

Mi casa, que llora un gato pardo porque está oscura, y llora cajas llenas de libros, casa a la que al besarla, al despedirme, llamaré con confianza:
Roberto Lopez.

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para un túnel que no es de Ernesto

Me adentro mar adentro. No se como he llegado a parar aquí.
Horas antes dudaba de la calidad de persona del Médico
y ahora me encuentro aquí traincionándolo al pobre.
Pero aquí estoy, cruzando por debajo de las aguas y las olas,
del Tigre a Punta del Este, por este túnel secreto,
tan sólo conocido, por el Doctor, por Cecilia y por mí.

Lo ando, acongojado, buscando disculparme por la tardanza con todas las Cecilias del otro lado.

(a Adolfo)